Yo digo | Raúl Romojaro

Carlos Checa tiene una pasión inagotable

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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Estaba en un box de Montmeló, lejos de la atención de los aficionados o la Prensa, lejos de las grandes estrellas del Mundial. Pera Flores, que entonces era el enviado especial de 'Catalunya Radio' a los grandes premios, me dijo que le acompañara a visitar a aquel chaval. Era paisano suyo, un buen chico, con mucho talento y necesitaba un empujoncito para seguir corriendo, me contó. Así para allá fuimos, a ese box apartado, donde sentando en una sillita estaba Carlos Checa intentando digerir el lío en el que se había metido. Pero tenía claro lo que quería hacer y parecía dispuesto a todo por conseguirlo. Vamos, más o menos igual que ahora... sólo que dieciocho años después.

Me hace mucha ilusión que Carlos vuelva a pilotar una Ducati de MotoGP en los grandes premios de Portugal y Valencia. Sobre todo, porque sé que él estará entusiasmado, con la misma ilusión y ganas que en ese debut mundialista de 1993. Es lo que me maravilla de este piloto tan especial, su forma de vivir con una pasión desmedida todo cuanto hace, sin que ni siquiera el paso del tiempo haga mella en esa voluntad inquebrantable. Siempre he pensado que esa virtud seguramente sea innata, pero tampoco me extrañaría que se reforzara tras su grave accidente en Donington en 1998. Aquel día Checa se enfrentó cara a cara con la muerte y creo que salió reforzado de su victoria más valiosa. Y también me da la impresión de que por el mismo motivo vive cada oportunidad como si no fuera a tener ninguna más.

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