La noche que cambió sus vidas

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En el minuto 68 se paró el mundo. Casillas, que se había cortado las mangas con unas tijeras (estrenando un look que ahora secundan todos los porteros), saltó decidido a la hierba sagrada de Hampden Park, el santuario de la Quinta y de la Novena. César se había lesionado y a Iker le tocó ponerse el traje de bombero. Los alemanes atacaban con furia, pero no fue hasta el descuento cuando Bastürk y Berbatov se encontraron con una leyenda con guantes. Esa noche se forjó. Sus tres paradas a bocajarro nos pusieron en pie a todos los periodistas que estábamos en esa tribuna que hace medio siglo asistió al mejor partido de la historia: Real Madrid 7; Eintracht Francfort, 3.
Casillas lloró de emoción y de rabia (no quiso que fuera a Glasgow su mamá para que no le viera hundido en el banquillo), pero el destino le dejó ser el héroe que ahora levanta Eurocopas y Mundiales como quién se desayuna un donut. Y al lado, Del Bosque. La Roja los ha reunido para cerrar sus heridas. Ahora son como un padre y un hijo...



