Dani, sereno en el campo y fuera de él

Dani Aranzubía confirmó ayer que está listo, con lo que nadie duda que volverá a defender la portería ante Osasuna. Su vuelta, con un Depor colista, es una de las mejores noticias que podía recibir Lotina. Su llegada a A Coruña le sirvió para enterrar los fantasmas de sus últimos años en Bilbao y al Depor para cerrar la fractura que se había abierto en la portería a raíz de la pelea entre Aouate y Munúa. Las últimas dos temporadas sólo se perdió tres partidos, y no exagero si digo que fue el jugador más regular de un Depor que rozó en ambas ocasiones Europa.
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Su vuelta, a pesar del buen trabajo que ha hecho Manu en este inicio de Liga, es absolutamente necesaria. Uno de los aspectos de los que está huérfano este deprimido Depor es de un líder en el campo, y el meta riojano puede ser el hombre. Dani aporta experiencia, tablas, esa virtud de los grandes porteros de evitar el peligro antes de que se produzca. Su clase y serenidad da seguridad a una defensa que, como el resto del equipo, la necesita a toneladas.
Pero Aranzubía es un poco más que todo eso, porque fuera del césped también sabe transmitir calma en momentos tensos. Ayer dio una clase magistral de ello, intentando ver la botella medio llena y asegurando que es muy pronto para verla ya totalmente vacía. Su hombro ya está listo, y sobre él tiene que descansar el angustiado Riazor. En esta semana crítica, tras escuchar a Valerón y Aranzubía, las pulsaciones del deportivismo se han serenado y los cuchillos largos han vuelto a su funda. Ahora, toca ganar a Osasuna para que sus filos no vuelvan a amenazar.



