Como con Xabi, se fue de rositas
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De Jong sacó de nuevo a relucir su repertorio. Si en la final del Mundial fue el esternón de Xabi el que recibió el mae-tobi-gueri (patada frontal en salto), ayer le tocó el turno a Ben Arfa, al que el holandés aplicó lo más parecido a una mawashi-hiza-gueri, un impacto con la rótula. El resultado, lesión grave del jugador francés, que acabó en el hospital y que se perderá lo que resta de temporada por una doble fractura de tibia y peroné. De Jong ha hecho dos de las más feas entradas que se han visto en los últimos tiempos. Pero lo sorprendente de verdad es que en ambas se ha ido de rositas.
Ahora que se ha abierto un debate sobre la necesidad de que los árbitros tiren de roja para cortar las entradas violentas resulta que De Jong no ve ni siquiera la amarilla. No se la enseñaron por la coz a Xabi en la final de Johannesburgo ni tampoco ayer por el entradón a Ben Arfa. Y esto si que es inexplicable. Una cosa es que los árbitros monten un perímetro de seguridad preventivo, lo que no tendría sentido en un deporte de contacto como el fútbol, y otra muy distinta que otorguen impunidad vitalicia a jugadores como De Jong, con unos antecedentes terroríficos.




