El difícil optimismo de Gay

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En este Zaragoza que va de tumbo en tumbo se repiten cada semana los discursos de enmienda y también la cruda realidad. A la sexta jornada llega ahora una reválida para la que todos dicen estar preparados, pero de la que nadie está seguro de aprobar. Hay nervios y urgencias, sobre todo en los despachos, donde se apunta toda responsabilidad. Se persigue una victoria que devuelva, al menos temporalmente, el sosiego y la autoestima, que permita respirar y pensar otra vez en crecer. En este ambiente más que conocido, el más sereno y reflexivo es, por suerte, el entrenador. Gay calla y trabaja, igual que hizo el curso pasado. Ni vende humo ni busca excusas. Así que no queda otra que aferrarse a su optimismo, aunque se haga difícil.
El equipo ha tardado apenas un mes en dejar al descubierto toda su legión de miserias, prolongando así un suplicio que ya dura tres años. No hay fútbol ni futbolistas. No se gana un partido, ni nadie marca un mal gol. A este Zaragoza, como bien apuntó Mario Ornat, cuesta quererlo. Pero es el que hay y habrá que empujarlo entre todos para que no pierda la categoría otra vez y no se hagan realidad todos los fantasmas que se vienen anunciando.



