Messina, con el agua al cuello
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La Liga de baloncesto adelantó uno de sus partidos de la primera jornada para que el Estudiantes pudiera jugar en el Palacio de los Deportes. Mereció la pena. El Palacio a reventar es por sí solo un espectáculo. Dentro de la cancha ya fue otra cosa. Emoción, sí; espectáculo fue la fe inquebrantable del Estudiantes luchando contra el equipo que cada año le quita los jugadores que le salen buenos. Por parte del Madrid poco espectáculo brindó, y si lo hubo fue el ofrecido en el arranque del partido por Sergio Rodríguez y en el tercer cuarto por Carlos Suárez, dos perlas salidas del Estudiantes. Es la eterna lucha del pequeño contra el grande, que a la larga siempre tiene las del perder, pero a un partido el grande puede quedar en evidencia.
Quedó la pasada temporada y a punto estuvo de quedar de nuevo ayer. Que el Madrid se tuviera que jugar la victoria a tiros libres con el Estudiantes ya dice bastante. No es que el baloncesto sea una ciencia exacta y el Madrid tenga que ganar al Estudiantes sí o sí, pero viendo ayer a la contrastada, prometedora y joven plantilla del Madrid no había gran diferencia a la hora de jugar con la veterana e incluso modesta del Estudiantes. Pues cuando la diferencia entre unos y otros jugadores no es tanta, como fue evidente durante casi todo el partido, el resultado queda en manos de los entrenadores con sus rotaciones. Messina ganaría, pero no se pudo ir a casa satisfecho tras verse con el agua al cuello. Casimiro, en cambio, puede considerarse ganador perdiendo.




