Parecen demasiados Mundiales
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Hoy se elige la sede de los Mundiales de natación de 2013. Y el miércoles, la de los de ciclismo. Y el sábado, la del de balonmano. Todos el mismo año. En una semana nos podemos llevar tres Mundiales. Y para diciembre aún quedará la posibilidad de traernos el de fútbol de 2018. Barcelona se presenta a los de natación contra Moscú y Eindhoven. Ponferrada, a los de ciclismo contra Florencia, Génova y Hooglede-Gits. A los de balonmano, con sedes en Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga, Zaragoza, Valladolid, Ciudad Real y Granollers, vamos contra Dinamarca (si no se retira) y Noruega. Esta fiebre organizadora contrasta con el anuncio de Lissavetzky cuando dijo que el dinero público del Gobierno para traer campeonatos se había acabado.
Sin embargo, ayuntamientos y comunidades, que en estos casos son quienes ponen el dinero, deben de creer que es rentable traerlos. Pudiera ser, porque Barcelona ya hizo unos Mundiales de natación, para los de ciclismo la infraestructura vial ya existe, y para los de balonmano, España es un país regado de pabellones. Inversiones, por tanto, tampoco hacen falta muchas -no es el caso de Dubai, que renunció a los de natación-, pero no estaría de más dejar muy claro cuánto nos cuesta cada campeonato. Quien gana seguro es la Federación Internacional de turno por vender la competición. Pero si también se lleva los derechos de televisión, la taquilla y trae los patrocinadores, ¿qué nos queda? Eso es lo que habría que aclarar.




