Será una final cada domingo
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Cinco carreras, cinco finales, cinco protagonistas. Es la lectura más simple pero más precisa que admite esta recta final del Mundial, en la que el título puede decidirse más por los errores ajenos que por los aciertos propios. Llegados a este punto, con las diferencias que existen entre los aspirantes más el nuevo sistema de puntuación, los fallos se pagarán carísimos. Básicamente, porque cada día quedarán menos oportunidades para enmendarlos, sobre todo para los que van por detrás en la tabla de puntos, como es el caso de Alonso. Por eso estoy muy de acuerdo con el asturiano cuando habla de consistencia como una de las claves de este arreón definitivo, del que algunos ya le habían excluido precipitadamente tras el fiasco de Bélgica.
Una perseverancia que se refiere no sólo al piloto, por supuesto, también deben exhibirla el equipo y el monoplaza. Algo que me preocupa más que la del asturiano, a la vista de los antecedentes de esta campaña. Ferrari ha tenido a lo largo del año tropiezos impropios de una escudería de su abolengo, mientras que el F10 deberá demostrar su fiabilidad ahora que los motores frescos se han agotado. Son dos aspectos relacionados entre sí por la estrategia y las decisiones que tomen Domenicali y sus muchachos. La buena noticia es que en Maranello son, obviamente, conscientes de que en esta fase ya no hay lugar para los errores ni las excusas y deben sacar a relucir todo su saber hacer, esa magia que a lo largo de los años ha cimentado su leyenda.




