La segunda línea no funcionó
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Bajo el síndrome del partido del domingo contra el Barcelona, el Atlético regresa de vacío de Salónica, más por deméritos propios que por virtudes de los griegos. Quique quiso dar minutos a la segunda línea rojiblanca (Valera, Camacho, Mérida y Tiago) y la realidad es que los teóricos titulares pueden estar tranquilos. Desde el inicio los colchoneros salieron con el pensamiento de que el empate les venía de perlas y que había que ahorrar energías para la cita contra los azulgrana. Poco a poco fueron haciendo grandes a los rivales y el Atlético se diluyó como un azucarillo. Nada de nada. Solamente destacaba la sobriedad de los centrales Godín y Domínguez.
Para el futuro, si el Atleti quiere ser grande, tiene que evitar este tipo de actuaciones. Es el actual jefe de Europa y el líder de la Liga y no puede ir a un campo de un equipo a tirar su prestigio de mala manera. Tienen que ser conscientes que los títulos se tienen que confirmar partido a partido. Con la entrada de Reyes y Diego Costa tampoco hubo una variación sustancial del decorado. Hasta físicamente los madrileños andaban al tran tran.




