Lo español sigue chirriando en la F-1
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Pedro de la Rosa puede tener los días contados en Sauber. Es, al menos, lo que asegura parte de la Prensa internacional, la misma que de forma reiterada desde que el catalán llegó al equipo suizo ha deseado, casi con fervor diría, verle fuera de esa escudería. Y es que me da la impresión de que lo español sigue chirriando en la Fórmula 1. Puede que este argumento mío suene a 'chauvinista', pero nada más lejos de mi intención. Este deporte ha sido tradicionalmente anglosajón y en cierta medida sigue siéndolo. Controlado por británicos y alemanes, con la única influencia latina de los italianos y una pizca brasileña. Todo lo demás parece casi molesto, inapropiado diría. Algo incomprensible en este mundo de la globalización en el que nos ha tocado vivir...
Pero es así. A algunos les molesta y les resulta incomprensible que en este gran circo que se entiende en inglés haya tres pilotos españoles, dos grandes premios en nuestro país, una escudería con sede en Murcia (quizá muchos tuvieron que mirar en el mapa dónde estaba ese sitio) e incluso un patrocinador del peso específico del Santander. Lejos de considerarlo enriquecedor para el campeonato, lo encuentran inoportuno y excesivo, en un intento de poner fronteras a un planeta que cada día pretende tener menos. Es la única explicación para que De la Rosa haya sido perseguido, casi acosado, desde que regresó a la competición. Ni la suerte ni los resultados han estado a la altura de su talento, eso es cierto, pero tampoco le ha ayudado nada una F-1 que hoy subasta sus asientos y un entorno tan hostil como el que se ha encontrado.




