El mal fario de 'Fuji' en la Vuelta

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Ví la caída de Igor Antón junto a su tío Juan. Estaba en la meta acompañando a treinta personas de Galdakao que habían aprovechado el sábado para acercarse a Peña Cabarga. Juan no podía dar crédito a las imágenes que ofrecía la pantalla gigante del podio. Ni en la peor de sus pesadillas contemplaba una caída tan inesperada y en una recta tan llana. La carretera te puede poner en tu lugar si Purito, Nibali o Tondo te dejan de rueda y acabas perdiendo el jersey rojo. Pero caerse así es algo mucho más cruel. La Vuelta ha perdido a su referente y, por ello, todos nos sentimos hoy un poco huérfanos.
Igor se había convertido en un ídolo en Euskadi. La ausencia de Samuel Sánchez le había conferido todos los galones del equipo. Y estaba respondiendo a las expectativas con victoria en dos etapas y el maillot más deseado. Cuando Antón compró su primera bicicleta de carreras adquirió también su mote: Fuji. Sus amigos le llamaban así por la marca del cuadro. Cuando se recupere tendrá tiempo para recordar anécdotas o practicar sus aficiones: caminar por el monte y montar en su Vespa. También para meditar sobre su mal fario en la Vuelta. Algo inexplicable, como diría su tío Juan.



