El mejor notario del Himalaya
Su aspecto venerable, como de señora que te pide amablemente la vez en la cola de la pescadería, se deshace en cuanto comienza el examen. Lo sé porque he tenido que pasar unos cuantos frente a Miss Hawley y dentro de unos días lo volveré a pasar en Katmandú. Como aquel en el que, a la vuelta de dos ochomiles, el Shisha Pangma y el Cho Oyu, me preguntó directamente si habíamos visto en la cima las huellas de tres grandes alpinistas -y buenos amigos- Kurtika, Troilet y Loretan. Tuve que explicarle con detenimiento, fotografías y mucha paciencia, que habíamos estado en cumbres diferentes y por rutas diferentes, lo que hacía perfectamente veraz y coherente el relato de ambas expediciones. Al acabar, después de hacerme sudar tinta un buen rato, me sonrió, con una especie de mueca propia de un humor tan anglosajón, a medio camino entre la ironía y sarcasmo, y me confesó que ya lo sabía por la otra expedición y con aquella pregunta trampa sólo pretendía medir nuestro grado de confianza.
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Desde entonces, Elizabeth Hawley siempre me trató con el grado de simpatía que le permitía ese oficio de notario de las expediciones que se ha impuesto por propia voluntad y que, por su misma naturaleza, debe ser desconfiado. Su llegada al hotel, a bordo de un destartalado Volkswagen escarabajo -hoy ya no conduce y envía a una joven ayudante-, ponía en guardia a los examinandos, conscientes de que iba a preguntarles con un grado de minuciosidad que no siempre fue bien entendido por los alpinistas, quienes suelen ser algo solitarios, huraños y poco propensos a compartir con otros sus aventuras y sentimientos. No pocas veces tuve que corregir las fichas para Miss Hawley rellenadas por mis compañeros ya que, por ejemplo, en el apartado de profesión ponían "torero" o, si vivían en Pamplona, "corredor de toros". Pero lo cierto es que Hawley se ha terminado por convertir en el mejor notario del Himalaya. Es siempre rigurosa, entrevista concienzudamente a los alpinistas y ha logrado demostrar la falsedad de algunas ascensiones.
Sin embargo, ser notario no es lo mismo que ser juez. Mucho me temo que Elizabeth Hawley no aclarará las dudas sobre quién es la primera mujer en haber escalado los 14 ochomiles. Simplemente, como ya ha repetido varias veces, se limitará a dar "las dos versiones de una controversia". Y la verdad es que, de por medio, sigue abierta la verdadera carrera: quién será la primera mujer que escala esas 14 montañas sin utilizar botellas de oxígeno. Toda esta polémica me hacer recordar lo lejos que queda aquel fair play de los británicos que consideraron al Alpine Club, como "un selecto club de caballeros que ocasionalmente escalan".




