El día que ganar no tuvo sentido
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Otra jornada de gloria para el motociclismo español que, sin embargo, no tuvo la menor trascendencia tras el trágico fallecimiento de Tomizawa. Pintaba bien la cosa, teníamos grandes expectativas para Misano y se cumplieron. Pero ¿a quién le importa ganar carreras cuando la vida de un chaval de diecinueve años se ha escapado como el agua entre los dedos? Fue un mazazo para toda la familia del Mundial, que volvió a tomar conciencia de lo mucho que hay en juego cada vez que los motores se ponen en marcha. Hace sólo unos días, a propósito de la situación de Fonsi Nieto, reflexionaba en estas mismas páginas sobre los peligros de este deporte, que tan a menudo olvidamos pero que siempre están ahí, al acecho, traicioneros y de consecuencias terribles...
Además, sucesos como el de ayer nos recuerdan que los riesgos se pueden minimizar, pero jamás eliminar por completo. Se trabaja por la seguridad de los circuitos, de las equipaciones, de las motos, de las asistencias... pero poco se puede hacer cuando el infortunio decide jugar el papel de protagonista. Nada falló ayer para que el japonés perdiera la vida en el asfalto de Misano, nada se hubiera podido hacer por evitarlo. Podemos llamarlo destino o como prefiramos, pero que uno caiga y otro le arrolle es algo que podrá ocurrir siempre... mientras que existan las carreras. Los pilotos lo saben y lo asumen, en ello reside también parte de la grandeza de este deporte: desafiar los límites de la lógica buscando la excelencia de la victoria. Aunque el precio a veces sea demasiado alto...




