Cuatro años de la final de Japón

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Hoy se cumplen cuatro años de la mayor gesta del baloncesto español, el título mundial alcanzado en Japón en una final deslumbrante ante Grecia. Y, para celebrarlo, mañana los helenos vuelven a cruzarse en nuestro camino. Contra su voluntad, ciertamente; no les ha quedado más remedio. Ayer intentaron evitarlo perdiendo con Rusia (Nueva Zelanda se la jugó) y hace un año en Polonia también cayeron interesadamente para retrasar el duelo con España hasta las semifinales.
Somos su bestia negra, no nos quieren ver ni en fotos, lo que no impide que les debamos un respeto reverencial. Me explico. En 2005 ganaron el Eurobasket y nos tumbaron en casa en un amistoso (sin Pau Gasol, como ahora). Al año siguiente se la devolvimos en Saitama. Llegaron agotados tras aniquilar al ogro estadounidense. Sin su ayuda quizá no hubiera habido título. En 2007, en el Europeo patrio, nos impusimos en una semifinal durísima, no recuerdo un encuentro más feroz en el último lustro. Y aquel desgaste sobrehumano privó a España de un oro cantado. Fue Grecia la que tumbó a la Selección en Madrid, no Rusia. Tienen clase, oficio y ardor guerrero. Nos temen, sí; pero ojito con Grecia.



