Ciclismo de alta temperatura
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Nunca había comenzado una Vuelta de noche. Y menos mal. Llega a empezar a la hora habitual de las cronos con que se inician las grandes vueltas, y los termómetros de Sevilla hubieran marcado entre 42 y 46 grados, dependiendo de las zonas. Los ciclistas tampoco habían pasado por la experiencia de correr a las diez de la noche con temperaturas que oscilan entre los 35 y los 38 grados, pero tratándose de un recorrido de 13 kilómetros la cosa es más llevadera. Además, no deja de ser todo una cuestión de sensaciones. Cuando el sol deja de quemar se aprecia un ambiente más agradable, que no es lo mismo ponerse de golpe a cuarenta y tantos grados, que notar cómo esos cuarenta y tantos van bajando a treinta y tantos por muy largos que sean.
Sirva esto para decir que lo de ayer no fue ninguna barbaridad. Quince minutos de esfuerzo no ponen a ningún deportista de élite al borde de la deshidratación. No resultaría agradable, tampoco se darían las condiciones propicias para obtener un alto rendimiento, pero cualquier ciclista profesional ha pasado por situaciones adversas peores. Hizo calor, sí, pero el sol no quemaba porque no lo había, y como la distancia era corta no hubo riesgo de beber en exceso, lo cual suele provocar daños entre los corredores que caen en la tentación. Hoy la Vuelta saldrá a mediodía, cuando el sol apriete. Hará calor, aunque el paso por altitudes que rondan los mil metros lo suavizará. Pero el ciclismo es de meteorologías extremas y ahora toca ésta. Es España y es la Vuelta.




