El privilegio de ser número uno
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En Turquía no ha hecho ninguna gracia la ausencia de los más grandes jugadores en el Mundial de baloncesto. Desde luego no da ninguna buena imagen al país organizador que esté vendiendo las caras de Bryant, de Gasol, de Parker, de Nowitzki, de Ginóbili, etc, y luego ninguno acuda. Estas ausencias dan lugar al debate. Porque no son sólo estos jugadores: son Federer y Nadal con la Davis, y lo fue Armstrong y lo es ahora Contador con cualquier carrera que no sea el Tour. Estará bien o estará mal, pero la realidad es que los números uno hacen las competiciones que les da la gana. Tienen ese poder y ese privilegio. Y todos lo hacen valer. Al margen de que, como dice el sicólogo Jaenes cuando habla de Nadal, necesiten descanso.
Por supuesto. Pero ellos y cualquiera. La diferencia es que los números uno tienen unos objetivos tan ambiciosos como claros; una vez conseguidos, descansan mientras los demás compiten. Para quien juega por ganar la NBA, el Mundial está un punto por debajo; como la Davis en el mundo del tenis, donde el prestigio está en ser número uno y ganar torneos de Grand Slam; no digamos ya en el ciclismo, que un Tour soluciona la vida. Mas para quienes no aspiran a ganar la NBA, ni ser números uno del tenis, ni ganar el Tour, un Mundial de baloncesto, una Davis o una Vuelta puede ser mucho. Y se apuntan con ganas e ilusión, aun a costa de descansar menos, porque ahí está su gloria particular. Es, por tanto, cuestión de objetivos, no de descanso.




