Rafa Muñoz es un portento
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Tenemos a nuestros nadadores compitiendo en los Europeos, y ayer se colgaron dos medallas. Sumadas a las de la sincro, ya son seis, que parecen bastantes dado que viajaron a los campeonatos con unas expectativas discretas. Claro, que Carpena, el presidente de la Federación Española, no es como Odriozola. Aunque, como él, haya corrido sus maratones, es hombre prudente y no le gusta meter presión a sus nadadores. Pues ya van dos en la piscina -alguna más caerá- gracias a dos actuaciones inesperadas. Rafa Muñoz viene de un año extraño y acaba de salir de un difícil proceso donde se le amenazaba con la suspensión por haberse saltado tres controles antidopaje por sorpresa. En cuanto a Duane da Rocha, fue su bautismo en un gran podio.
El oro que se colgó Muñoz merece una consideración: Muñoz es un nadador de unas condiciones singulares. Sus 1,93 de estatura, sus más de dos metros de envergadura y los siete kilos que ha ganado de masa muscular le confieren un físico y una potencia excepcionales para la mariposa. Es un portento. Por eso, sin necesidad de estar meses machacándose -durante el invierno se perdió-, ha recuperado su nivel en un tiempo récord a base, eso sí, de un serio y pertinaz entrenamiento. Igual que se despista, es capaz de ser quien abra y cierre la piscina. El resultado está ahí: campeón de Europa. Un oro que suma a sus dos bronces en los Mundiales, y otros dos bronces en los anteriores Europeos. Estamos ante una auténtica figura de la natación.




