Resultado con sabor agridulce
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Me gustaría sentirme más eufórico con el resultado de Fernando Alonso en Hungría, pero la carrera de ayer me dejó un sabor agridulce. Considerando su segunda posición de forma aislada hay que darla por buena, sobre todo cuando ese enemigo temible llamado Hamilton se quedó fuera de juego. Hay Mundial, las posiciones en cabeza están apretadas y Fernando, como pretendía, ya está a menos de una victoria del liderato. Su recuperación se antoja sólida y esperanzadora, lo que nos permite mirar con cierto optimismo a la segunda parte del campeonato.
Dicho esto, me sigue preocupando sobremanera el nivelazo que exhiben los Red Bull, en cualquier circuito y en cualquier circunstancia. Menos mal que han cometido algunos errores que han frenado su progresión, porque de otro modo, a estas alturas, podríamos estar hablando de la reedición del fenómeno Brawn GP del pasado año. Hungaroring era un buen escenario para Ferrari y, sin embargo, no han visto el pelo a los pilotos de la bebida energética. Y en tales condiciones va a estar muy duro para Alonso el asalto a esa primera posición de la tabla de puntos. Por ello me confieso muy prudente, no sé si el talento de Fernando será suficiente para frenar el huracán desencadenado por Adrian Newey.




