De la Rosa se merece una alegría
Noticias relacionadas
Siento una debilidad especial por Pedro de la Rosa, debo reconocerlo. Podría decir que es porque nos conocemos hace casi veinte años, pero mi admiración por él va mucho más allá de aquello de que el roce hace el cariño. Y en esta temporada me entusiasma incluso más. Curioso cuando los resultados no terminan de llegar. Es así porque si Pedro me parece un magnífico piloto, es incluso un mejor deportista, en la acepción más precisa del concepto. Me explico. Lo que está haciendo en este Mundial de su retorno es una exhibición sin parangón de superación, diplomacia, dedicación, talante conciliador, entrega... En fin, de cuanto pudiéramos exigir a un hombre que quiere erradicar para siempre la palabra límites de su vocabulario.
Por eso tengo unas ganas enormes de que De la Rosa obtenga por fin una recompensa, una alegría. Me temo que no será la que realmente merecería por la magnitud de su esfuerzo (y que sería ganar), pero al menos un resultado que premie tanta virtud. Puntuar debería ser el primer paso, el más accesible. Y Hungaroring se antoja como el escenario ideal para que esa satisfacción se materialice. Su Sauber parece que funciona moderadamente bien aquí (es lo que hay) y a él la pista le agrada. No en balde en Hungría consiguió su único podio hasta hoy, un segundo puesto en 2006. Así que a poquito que la fortuna quiera reconocer también sus méritos, pensar que pueda acabar entre esos diez primeros clasificados no es ninguna quimera. Ojalá...




