Yo digo Juan Mora

Esperando a la Bola del Mundo

Juan Mora
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Acaba el Tour y la Vuelta ya está al caer. Con un desafío colosal: la Bola del Mundo. Una subida inédita, pero de partida se sitúa a la altura de las cimas míticas del ciclismo. Tres kilómetros finales de ascensión que conducirán a los ciclistas a las puertas del infierno. Tres kilómetros tan pelados como el Mont Ventoux y con rampas que van del 18% al 22%. La Vuelta, a falta de Alpes, se hace así grande y dibuja un recorrido de gran atractivo para el aficionado. Las ascensiones al Puerto del León, Xorret del Catí, Rat Penat, Andorra, Peña Cabarga, Lagos, San Lorenzo, La Cobertoria, Cotobello, Alto del León, Navacerrada y Bola del Mundo convierten la Vuelta en una carrera para machos si los ciclistas quieren.

Porque esa es otra. Las ascensiones acaban siendo terroríficas si hay ataques. Pero si empieza a haber pactos entre los corredores, parones por las caídas o protestas por la dureza del trazado, apaga y vámonos. Llegadas como la del Tourmalet no deben volver a repetirse. Suponen un fraude, como también lo fue que Massa se dejara adelantar por Alonso. Además, ahora hay apuestas y cuando uno juega su dinero por Contador en el Tourmalet o por Massa en Hockenheim, y ve cómo Schleck y Alonso salen vencedores ante la complicidad de sus rivales, es como para impugnar el resultado ante las más altas instancias. La Vuelta ha presentado una etapa para el espectáculo. Que el fair-play mal entendido no lo estropee.

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