Newey, el genio de las carrreas
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Dicen que Adrian Newey gana más de seis millones de euros al año, casi el sueldo de un futbolista galáctico. Pues la verdad es que, visto lo visto, hasta me parece poco... El repasito que el director técnico de Red Bull les está dando a sus colegas del resto de las escuderías este año es de los que suenan a humillación. Ignoro si Webber o Vettel conseguirán ganar el título en 2010, pero si lo hacen quien debería ir a la gala de la FIA a recogerlo es este ingeniero británico. Con un motor Renault, teóricamente inferior a los Mercedes y Ferrari, y unas cuantas soluciones revolucionarias ha diseñado un coche que representa a la perfección el espíritu de la competición tecnológica: la búsqueda de la excelencia a golpe de trabajo, esfuerzo e ingenio.
Newey lleva tres décadas buscándole las vueltas a la eficacia aerodinámica de los monoplazas. Cuando salió de la facultad de Southampton en 1980, lo hizo ya con trabajo en la escudería Fittipaldi, para pasar a continuación a March. Y desde entonces no ha parado desarrollar esa ciencia, casi magia para la mayoría, de sacarle el máximo partido a la fuerza o presión que el viento puede provocar en un coche de carreras y los efectos en su comportamiento dinámico. Si se confirma que su último invento es el responsable de que los Red Bull sean intocables en la calificación, habría que ponerle un monumento o nominarle para un Nobel... Veremos cómo reaccionan sus rivales, que deben de andar preguntándose por qué no se les ha ocurrido a ellos.




