¡Que se besen! ¡Que se besen!
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No sé cuantos millones de españoles vimos ayer la etapa. Hoy lo podremos saber. Pero unos cuantos seguro, que Contador ha enganchado. El domingo ganó incluso a las motos: 3,5 millones contra 3,3. Pues con España pegada al televisor en la etapa que ayer decidía el Tour, Contador se dejó ganar. Tendría que haber visto la gente en los bares cómo se daba la vuelta decepcionada. Esa misma gente que se ha emocionado y vibrado viendo ganar a Nadal, a Alonso o a Lorenzo, ayer se sentía defraudada. Todos sabemos, y nos alegramos, que Contador dio ayer un paso de gigante para ganar el Tour, pero despreciar un triunfo de etapa, ni intentarlo siquiera, es una bofetada para la afición... y para el mismo deporte.
Porque dejarse ganar no es precisamente fair-play. Todo lo contrario. Es una estafa. La gloria espera a Contador, seguro, que con tres Tours y 27 años está llamado a ser un grande del ciclismo, pero así no se conquista a la afición. Se habrá ganado el perdón de la opinión francesa, de los corredores, pero a un precio muy caro. Cuando se tiene detrás a una afición ilusionada no se la puede defraudar. Además, Schleck no hizo nada para merecerse el favor de Contador. Schleck le atacó en el Tourmalet. Con dureza. Fue a por él desde el principio. Y va Contador y tras dejarse ganar se abraza con él de inmediato. ¿Es así como nace una futura rivalidad que se presumía tremenda? Pues lo que le faltaba al ciclismo, que perdiera credibilidad.




