Aquí hay pique y es delicioso
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Advierto un cierto pique entre Alberto Contador y Andy Schleck. Y no me refiero al pique que nace de una rencilla personal, pues todo el mundo sabe que la relación entre ambos es buena. Hablo del pique que surge entre dos deportistas que se sienten poderosos y desafiados. Sospecho que nos encontramos ante ese tipo de competencia. Dos jóvenes de estilos similares prescinden del mundo exterior para convertir cada obstáculo en un concurso, en una caseta de feria. Hoy tú y mañana yo. Y la victoria no se mide por el tiempo ganado, sino por la prueba superada, por el perro piloto.
Así están corriendo Schleck y Contador. Uno saca diez segundos y el otro se los devuelve después, aliviado por empatar la afrenta. El universo reducido a la próxima montaña. Tal vez no sea una estrategia muy reflexiva, pero resulta absolutamente deliciosa. Dos ciclistas, los mejores, aislados del exterior, liberados de las órdenes del director y de la protección de los equipos. Dos veinteañeros que luchan por el Tour como si pelearan por la chica. Dos cuerpos enjutos y dos corazones disparados contra Los Pirineos. Qué bonito es el amor y qué bonito lo contrario.



