Que les den el silbato de hojalata

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Sentado a sólo diez metros de Blatter y Villar en el palco del Soccer City de Johannesburgo, me sonrojé con el arbitraje del tal Howard Webb en la final ante los holandeses. Los referees ingleses eran tradicionalmente gente con buena reputación porque lograban pasar inadvertidos. De eso se trata. Pero en esta nueva era de la alta tecnificación, los microfonitos estilo matón de discoteca y la estética culturista de gimnasio, los árbitros comandados por Villar en la FIFA han convertido el Mundial en una ensalada de errores de bulto que han manipulado la competición y han sembrado de dudas la legitimidad de algunos triunfos cosechados por selecciones de campanillas, como el caso de Argentina y Alemania. Irrita ver cómo un balón entra un metro en la portería sin ser gol o cómo se puede meter otro en un fuera de juego, el de Tévez, que dejó ídem a la organización derrochadora de los 'Blatter's Men'.
En el fondo subyace la misma situación que en España con el Villarato. Los árbitros han dejado de ser independientes y aparcan el talento en la funda de su silbato. Se trata de querer quedar bien con los que mandan para seguir subiendo puestos en el escalafón. Ya no hay un Collina con carisma y personalidad. Con Webb el problema es que es tan malo que no le sirvió de nada hacer la vista gorda ante el partido de full-contact planteado por los holandeses ante nuestra España, abanderada del fair play. Triunfó el bien sobre el mal a pesar de los árbitros de Villar ...



