Holanda saca lo mejor de los jugadores
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Holanda ya no hace amigos, ahora gana. La simpatía hacia su estilo les ha hecho perseguir sombras durante cuatro décadas y la Holanda de los setenta se ha presentado como un fantasma amenazante a cada uno de los entrenadores que ha querido convertir en ganadora a esta nación de tan sólo 16 millones de habitantes. Pero ya no es la del fútbol total: hace más de 20 años que no tiene jugadores que se intercambian constantemente de posición o que reducen los espacios presionando con precisión. De hecho en la final del 78 el sistema era ya otro, más ortodoxo, menos dinámico. Aún así Holanda se quedó con la etiqueta de la Naranja Mecánica pese a que, por ejemplo, la generación del 88, la que obtuvo su único título, la Eurocopa, era una mezcla de talento y presencia física: recuerden a Van Basten, Gullit, Koeman. Continuaron practicando desde los 70 el 4-3-3 pero la especialización de moda en los 80 continuó robando ideales al Fútbol Total.
Por eso Cruyff fue tan crítico con el 4-2-3-1 de Van Basten en el 2008 y lo ha sido antes de este Mundial. Bert van Marwijk ha seguido con el mismo esquema hecho a la medida de su ahijado, Van Bommel, que en cualquier otra selección más aventurera no tendría cabida. El lateral izquierdo no sube, los centrales no inician la jugada, no mantienen la posesión, el banquillo está escaso de talento y todo depende de la inspiración de Robben y Sneijder. Pero, ¿hay que crucificarlos por su traición al fútbol espectáculo? Para nada porque, desde mi punto de vista, jugar bien no es más que poner en práctica con precisión el plan que se ha escogido. Un Mundial no lo gana el mejor, sino el que saca lo mejor de sus jugadores. Eso ha sido Holanda.




