Paraguay nos toma por Hawai
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Paraguay (no el país, sino su seleccionador y su entorno) lleva varios días haciéndole la guerra sucia a España. Y vamos a quitarle la careta. Tata Martino, el argentino que les dirige en el banquillo, impidió la entrada de los periodistas españoles a su penúltima rueda de Prensa. Martino no se había bebido su apellido, no. Lo hizo para provocar. Este técnico en país ajeno es discípulo de Marcelo Bielsa, y todo lo que sabe (también lo malo) lo aprendió de él. Martino fue el capitán de Newell's cuando El Loco (el mote por el se conoce Bielsa) entrenó a ese histórico club argentino. Fue un equipo que daba batalla dentro del campo y fuera de él. Hoy avisan aquí, en AS, los ojeadores de Del Bosque, Paco Jiménez y Antonio Fernández, que debemos esperar un Paraguay combativo, correoso y duro. Y medio tramposo, añadiría yo visto lo visto.
La otra maniobra que no me ha gustado un pelo ha sido la campaña de Paraguay para poner en duda la competencia del árbitro de hoy, el guatemalteco Batres. Es extraño que el rival se queje del colegiado cuando a España le han robado un penalti por partido en este Mundial. Y aún es más raro cuando Nicolás Leoz, presidente de la Federación Paraguaya de Fútbol también lo es de la Confederación Suramericana de Fútbol, organismo que controla con mano de hierro desde 1996, hasta el punto de que impuso que su sede estuviera en la capital paraguaya, Asunción. La inauguró el pasado diciembre y a los fastos acudió Blatter, su amigo del alma. En América todo el mundo sabe lo que manda Leoz. Batres también. Si alguien en Paraguay se ha pensado que España es Hawai, donde todo es guay, se ha equivocado de playa.




