Es el momento de templar la euforia
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Tras la exhibición de Jorge Lorenzo en Silverstone y a la vista de su privilegiada situación al frente del Mundial, parece razonable que la euforia se desate en lo que se refiere a sus opciones de convertirse en el primer campeón español de MotoGP. No seré yo quien pretenda aguar la fiesta, ni mucho menos, pero sí que creo que es el momento preciso de mantener los pies en el suelo, la cabeza fría y el desafío claro para evitar tropiezos que arruinen este sueño que ya comenzamos a acariciar (una sensación a la que ayuda, dicho sea de paso, la ausencia forzada del gran Valentino). Todo está de cara para el mallorquín pero eso, nunca lo olvidemos, no es garantía de absolutamente nada. Es así en el deporte y más incluso en uno donde el factor riesgo juega un papel tan significativo como el motociclismo.
Desde la baja de Rossi en Mugello, muchos son lo que me preguntan si realmente Lorenzo será campeón del mundo ya este año. Buscan, supongo, una confirmación más que alimente sus esperanzas y quizá por ello se sienten algo decepcionados cuando les confieso mis reservas al respecto. Y lo hago con la cabeza, que no con el corazón, porque lo que el cuerpo me pide es empezar a celebrar un título para el que, sin duda, Jorge es el favorito claro. Pero he visto tantas cosas en las carreras durante los últimos 25 años, que prefiero ni pensarlo no vaya ser que se estropee... Por supuesto que soy de los que creen que en condiciones normales el número uno de MotoGP en 2010 ya tiene dueño. Y la clave del asunto, a mi entender, es que en el deporte precisamente lo que no tiene mucho valor es lo de las "condiciones normales", algo que puede darse con la misma frecuencia que lo contrario. Yo voy a disfrutar de cada victoria de Jorge, voy a mantener los dedos cruzados y a seguir confiando en que nada debería interponerse en el camino de un piloto de su talento. Pero sólo confiando en ello, nunca asegurándolo...




