La Real ha logrado más que ascender

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La Real ha vuelto al lugar del que nunca se debió ir. El regreso a Primera ha de celebrarse porque no sólo ha supuesto una inyección deportiva y económica brutal. Lo más importante, lo que más ha aportado este éxito, es que ha refrendado la excelente comunión entre equipo y afición. La grada nunca ha fallado a este histórico club y tampoco ha escatimado esta temporada en muestras de apoyo a los suyos. Los desplazamientos a Soria, Salamanca, Huesca o Cádiz han sido el mejor ejemplo. Hay que ser justos y reconocer que la plantilla también se ha vaciado. Algunas veces jugando mejor y otras peor, pero sin la más mínima muestra de exceso de confianza o dejadez. Esa humildad y el trabajo diario es lo que se le exige. Si luego se gana, mejor que mejor.
Sin duda el artífice de semejante obra ha sido el técnico Martín Lasarte. El entorno txuri-urdin es proclive a endiosar demasiado rápido a los técnicos realistas. El mejor ejemplo es Toshack, que aún vive como un señor detrás de la cortina realista por la Copa del Rey obtenida en el 87, sin importar los fracasos en sus dos siguientes etapas, en las que fue lamentablemente despedido. Sin embargo, de Denoueix, que hizo subcampeón de Liga a la Real, parece no acordarse nadie. Lasarte está ahora en riesgo de caer en la misma cómoda poltrona de quien se sabe que ha hecho las cosas bien. La temporada que viene, en Primera, le tocará demostrar que es un trabajador, un humilde pero honrado trabajador. La salvación pasa por Zubieta, no por los campos de golf...



