Guti: la rebeldía o el parné
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En vísperas del último clásico, Guti anunció en Onda Madrid que aquel sería su último partido contra el Barça. El comentario, escasamente oportuno, confirmaba su deseo de abandonar Madrid (ciudad y club), expresado también en Informe Robinson, donde además descubrió su idea de establecerse en Bangkok. Viniendo de Guti, nada asombró demasiado. Ni las declaraciones ni el adiós. No hubo manifestaciones a favor de su continuidad, ni populares ni institucionales, y entre sus más vigorosos defensores sólo se discutió sobre la intensidad del aplauso final y los encantos de la comida tailandesa.
Apenas tres semanas después de escenificar su despedida, Guti parece haber cambiado de opinión. La razón es doble: ni han prosperado sus contactos con otros clubes ni al Real Madrid ha llegado oferta alguna. El siguiente problema es que el nuevo técnico no cuenta con él. Ante semejante panorama, la única salida airosa es que Guti perdone el año que le queda a cambio de la carta de libertad y negocie luego un contrato de dos temporadas con algún club receptivo por ahorrarse el traspaso. Y cuanto antes suceda, mejor. Cada aparición de Guti en este limbo del "ni contigo ni sin ti" afea su imagen de jugador rebelde que siempre prefirió un pase sutil a un vulgar pelotazo.



