Ivanovic sí confía en sus jugadores

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Messina está triste. Da la sensación de que no acaba de confiar en su equipo. Falta personal sobre Lavrinovic en el último cuarto. El lituano cae al suelo y se duele de un esguince. Sale del parqué auxiliado. Da la sensación de que se ha roto. El reglamento permite una rotación que, a la postre, genera dos tiros libres convertidos por Bullock para escaparse. Mensaje que envía a los suyos: "Mejor que lance el americano". Lavrinovic, luego, es uno de los más utilizados en la prórroga. Para colmo de males, en la primera serie que hace desde el tiro libre, mete dos de dos. Cien por cien de acierto. Yo también los podría haber metido, ¿no? Ivanovic es más básico en sus sentimientos. Quedan siete segundos para concluir el tiempo reglamentado. Tiempo muerto. Partido empatado. El mensaje es: "Vamos a defender sin falta personal. Creo en vosotros". Se ejecuta el ataque blanco y el partido concluye con tablas. Prórroga.
El Real Madrid ha hecho un equipazo pero le falta solidez. No cuaja. Es un equipo que no se cree ni Messina. Jaric, casi 60 minutos sin anotar. Almond, moviendo la toalla. Van den Spiegel, para cerrar el listado... Última reflexión. No es justo lo que pasa con Pablo Prigioni en el Buesa Arena. Es cierto que el base argentino se desquicia con las críticas y la gente lo aprovecha. Pero también hay que reconocer que gran parte de los trofeos que hay en las vitrinas vitorianas tienen la firma del de Río Tercero. Y el que no lo quiera ver, que no lo vea.



