Yo digo Juan Mora

Asistimos a un Giro feroz y cruel

Juan Mora
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Hoy hace una semana que el Giro subió desde Lucera, cerca de la costa del Adriático, hacia L'Aquila, localidad tristemente famosa por el terremoto que el año pasado causó 308 víctimas. La etapa fue larga (262 kilómetros) y quebrada al adentrarse en el corazón de los Apeninos. El día salió lluvioso y hubo una escapada en la que se metieron, entre otros, Arroyo, Sastre y Tondo. A los Evans, Basso, Vinokourov y compañía les pillaron despistados y llevan una semana persiguiéndoles. De aquella escapada sólo resisten Arroyo, Sastre y Porte, un modesto corredor australiano. Día a día les van recortando tiempo. Arroyo se defiende como gato panza arriba, Porte va cediendo y Sastre aguanta con su motor diesel.

Pueden hacerse una idea de que, tal y como lo cuento, el Giro está apasionante. Es una manada de lobos pegando bocados día tras día al líder. Cuando uno no le recorta casi cuatro minutos, otro lo hace más de dos; ayer mismamente le recortaron minuto y medio. Después de tener una ventaja de doce minutos, ya apenas le quedan dos y medio. Se está viendo así un Giro tremendo, despiadado. En cuanto hay un puertecillo de por medio, los lobos se lanzan a la persecución. Y, ¡ay, madre! con todo lo que queda por delante (Mortirolo y Gavia nada menos, entre otras menudencias), no sé cómo va a llegar Arroyo al domingo. Pero esto es lo que hace grande al ciclismo. Benditas escapadas que despiertan la ferocidad de los lobos.

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