Sobrevivir al borde del abismo
Noticias relacionadas
La salvación sube de precio, así que el triunfo en Riazor protege al Zaragoza en un escenario de creciente tensión. En La Coruña expuso también su notoria miopía ofensiva: llevaba cuatro partidos fuera sin anotar. Perdió a Suazo... pero ha ganado a Adrián Colunga: un goleador circunstancial que suma cinco tantos, la mayoría acumulados en minutos residuales. Con el Zaragoza en posición de dominio territorial, Colunga pierde cuerpo. A la contra es letal: va al espacio, es veloz en la conducción y concreto, bien preciso, para finalizar.
El Deportivo llegó más pero acertó menos. Añón cruzó un cabezazo al travesaño y de lo demás se ocupó Roberto. Al guardameta habrá que reconocerle una responsabilidad principal en la hipotética permanencia. Hace lo que distingue a los porteros importantes: ganarle puntos a su equipo. A falta de juego, el Zaragoza mide su tamaño en términos utilitaristas: exprimió el zumo vivificante del gol de Colunga y se sostuvo con entereza en el sufrimiento. La victoria devuelve el perfil de un equipo superviviente, con menos fútbol que cuajo anímico para resistir al borde del abismo. Un zaragocista de toda la vida podría ver ahí una virtud menor. A día de hoy, supone la mejor noticia posible.




