Yo digo Juanma Trueba

Cristiano, Higuaín y las sociedades

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No recuerdo si fue Valdano (o Menotti, o Dante Panzeri) el primero en hablar de las sociedades futbolísticas. La expresión define casos extraordinarios de telepatía alrededor de un balón. El fenómeno es poco frecuente y muy celebrado. De pronto, entre dos futbolistas de un mismo equipo se descubre una complicidad que parecía reservada a los gemelos univitelinos o a los amantes como Bonnie & Clyde. Los tipos de sociedades son diversas, pero la fórmula más frecuente es que uno asiste y otro marca, satisfaciendo cada socio sus expectativas personales. De la Peña-Tamudo, Valerón-Makaay, Munitis-Zigic, Mata-Villa o Yeste-Urzaiz (la mejor sociedad de la Liga: se asistieron en 24 goles) son ejemplos recientes de parejas con química.

Esperar que entre Cristiano e Higuaín brote esa afinidad casi mágica es una ilusión. En primer lugar porque ambos son goleadores que no se consuelan con el último pase. En el mejor de los casos, les ocurrirá como a Forlán y Agüero, que se encuentran bastantes veces pero se buscan pocas. Y no es una cuestión personal. Es una rivalidad instintiva que sólo perjudicará al grupo si se diagnostica como un problema del que conviene hacer seguimiento semanal. No es necesario que sean amigos ni que se guiñen los ojos. Ni hace falta que se pasen mucho; sólo cuando toca. Y en eso están. Suman 54 goles. Decir que sólo combinaron en tres de ellos (dos asistencias de Cristiano, una de Higuaín) sólo confirma que el Madrid, a falta de una sociedad, juega con dos.

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