Yo digo Jesús Mínguez

Liberación sobre la tierra

Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Las lágrimas de un tío que ha ganado ya 37 títulos en su carrera -entre ellos cuatro Roland Garros, Wimbledon y Australia- hablan por sí solas de la liberación que sintió ayer al rebozarse sobre la alfombra ocre de Montecarlo. Había dejado atrás once meses y medio de ansiedad, de malos ratos. "Tenía tantas ganas de ganar...", resopló Rafa Nadal. Llegó a su santuario, el torneo que le devuelve la sonrisa después de la pista dura y volvió a ser él, pero en versión mejorada. Sólo cedió 14 juegos antes de levantar el trofeo. Fue un rodillo, una máquina de servicio engranado, de resto poderoso e incansable y, lo más importante, superó la barrera mental de cerrar los puntos cuando tenía cerca la victoria. "Incluso con el 4-1 del primer set me puse nervioso", corroboró para reconocer que una losa le bloqueaba.

Jugar contra Nadal en tierra es jugar a otro deporte. "En circunstancias normales es el mejor de lejos", dijo Verdasco tras sufrir el martirio. En el mes de abril, cuando su raqueta viaja ligera y sus bolas liftadas pesan quintales, ha ganado sus últimos 53 partidos. Es su mes. Como hasta el año pasado lo habían sido también mayo o junio. Si sus rodillas y su físico no le permiten excesos, mejor será que dosifique cuanto antes sus apariciones, que se centre en las piezas mayores como hace Federer y se olvide (y nos olvidemos) un poco de la tiranía de los puntos. El Nadal que nos gusta es el victorioso y para hacernos felices no puede jugarlo todo.

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