Las carreras son... para correr
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Anda revuelto el patio últimamente en el Mundial de rallys y con razón. La verdad es que esta especialidad, bonita donde las haya, no termina de encontrar su rumbo y el resultado de tanta incertidumbre ahí está: poco interés de las marcas de coches, de los patrocinadores, de la prensa e incluso de los aficionados, aunque estos últimos son de lo mejor que tienen los rallys por su fidelidad y madurez. La polémica más reciente es la del orden de salida en las etapas, que ha propiciado que los pilotos dejen de correr para no acabar las jornadas en cabeza y evitar así salir también primeros a la siguiente. Si lo hacen, ya los sabemos, les toca limpiar de gravilla los caminos, lo que les penaliza a ellos y beneficia a sus rivales.
Entiendo que éste puede ser un problema de solución compleja, pero es evidente que hay que buscarla sí o sí. Lo que es inadmisible es lo que está ocurriendo ahora, las anomalías que se produjeron, sin ir más lejos, en el último Rally de Jordania. Los pilotos que querían ganar, levantando el pie, casi parados, para perder el tiempo necesario que les evitara salir en cabeza. Un auténtico disparate, la antítesis del deporte. Es de perogrullo, pero parece que hay que recordarlo: se llaman carreras porque hay que correr, no frenar ni detenerse. Es una circunstancia que desvirtúa y adultera la competición. Yo, no sé si ingenuamente, confío en este caso en Jean Todt, el presidente de la FIA. De esto, y me refiero a los rallys, también sabe un rato, así que ojalá sea capaz de encontrar una salida satisfactoria para todos.




