La violencia suele salir más barata

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Alberto Lopo se equivocó, seguro. Nunca debió insultar a Rubinos Pérez, por mucho que éste ni se molestase en hablar con su asistente, que fue el que realmente vio la jugada de cerca. Su mosqueo era absoluto, porque la jugada del inexistente fuera de juego de Adrián estaba calentita, porque está convencido de que toca balón y porque la defensa llevaba casi 80 minutos partiéndose la cara en inferioridad numérica. El castigo del penalti fueron dos puntos, pero ahora queda el de la expulsión. El juez de una competición debería ser respetado al máximo, como sucede en el rugby, pero el fútbol es otro mundo. Primero, porque la preparación de los árbitros deja mucho que desear; y segundo, porque a ellos sus errores les salen gratis casi siempre.
El viernes se reúne el Comité, y si nos atenemos al reglamento, a Lopo le tendrían que caer entre cuatro y doce partidos. Si lo interpretamos, la sanción podía ser de un mínimo de dos. Y si le echamos imaginación, de uno. Y ahí es donde está la perversidad de esta Federación. Según quién sea el jugador o técnico, los colegiados dejan de escuchar y ver; según quién sea, de camino al vestuario sufren de amnesia y en las actas (por desgracia la Biblia de las sanciones) desaparecen menosprecios, agresiones, insultos y demás lindezas. No hay que bucear demasiado y ver cómo este año Nekounam enseñó a Guardado que la violencia puede salir gratis. Esperemos que no salga más barato partir una pierna que insultar, aunque como no las reciben los árbitros...



