Ander, talento y desparpajo

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En un Zaragoza de vacas muy flacas, la aparición de Ander Herrera en Segunda División supuso un impacto similar al de Cani ahora hace ocho años. Otra vez un chico de la casa salía al rescate del Zaragoza. Marcelino lo puso un día a jugar y Herrerita agarró la responsabilidad con una naturalidad asombrosa. Desde entonces no ha dejado de crecer. Su techo se adivina muy alto, pero Ander va dando pasos seguros. Ya es un fijo en el Zaragoza y también en la Sub-21. Y su nombre aparece siempre entre los mejores jóvenes talentos del fútbol español. Pero no lo ha tenido precisamente fácil, porque enseguida la cayó la losa de ser el hijo del secretario técnico del club y tuvo que levantarla. A sus 20 años le queda mucho por aprender, pero se ha ganado el respeto en el campo, allí donde las verdades no pueden camuflarse.
Todavía tiene que definir su posición (medio centro o media punta) y pulir muchos detalles, pero tiene las virtudes principales de un gran futbolista: ingenio, talento, desparpajo y liderazgo. Sabe decir exactamente lo que quiere decir y en los peores días de esta temporada todos hemos ido a escuchar su voz después de las derrotas. Ojalá a nadie se le ocurra venderlo.



