Sin adelantamientos no hay espectáculo
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Me parece justificado el debate sobre los pocos alicientes (más allá del triunfo de Alonso) que tuvo el primer gran premio de esta temporada 2010. Para la mayoría de los aficionados resultó un tostón y entiendo esa percepción aunque no la comparta por completo. Se ha perdido gran parte (por no decir todo) del interés de las paradas en boxes sin los repostajes y esa ausencia de incertidumbre en las propias detenciones y en las estrategias le resta espectacularidad a las carreras. Pero para mí, más grave que eso es la imposibilidad casi absoluta que los pilotos tienen para acercarse al monoplaza que les precede en un intento de adelantamiento. Vaya por delante que las carreras de Fórmula 1 no son de motos, no podemos esperar que se produzcan los lances a los que nos tiene habituados los motoristas con un vehículo que ocupa la cuarta parte que un coche.
Pero dicho esto, también creo que los adelantamientos son una de las bases de las competiciones de motor, la salsa que añade picante a su desarrollo. Porque de eso se trata en esencia, ¿no? De intentar superar siempre al que va delante hasta que no te quede nadie más a quien hacerlo porque eres el primero, el mejor, el ganador. Con este planteamiento tan básico como evidente, no entiendo cómo se siguen construyendo monoplazas que obligan a dejar una distancia por detrás de unos dos segundos para que sigan siendo controlables. El famoso difusor les permite ir más rápido pero, ¿a quién le importa realmente eso? ¿Serían peor el espectáculo si los pilotos rodaran tres, cuatro o cinco segundos por vuelta más lentos de lo que ahora lo hacen? Creo que no. Lo que es nefasto es empezar a ver un gran premio teniendo la sensación de que, a las malas, la carrera puede terminar en el mismo orden que los coches tenían en el primer paso por línea de meta.




