Un partido de cuatro puntos

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El Zaragoza concluyó la primera vuelta de la Liga tres puntos por debajo de la frontera del descenso. Y un mes y medio después, cuando se acaba de cumplir la sexta jornada de la segunda, el equipo aragonés tiene una ventaja de cuatro puntos sobre la marca del infierno. Así que el Zaragoza de Gay, pese a la debacle frente al Sporting o el descuento fatal ante el Atlético, mantiene una aceleración sostenida, mientras sus rivales más directos se han quedado clavados. Sí, el Zaragoza, con todos sus altibajos, le ha metido siete puntos al Valladolid y al Tenerife. Al margen de cualquier análisis futbolístico, con sus idas y venidas, el Zaragoza está en camino de salvarse y hasta de meter a un nuevo rival en la pelea: el Racing de Santander. El domingo hay juego más de lo que parece, porque un triunfo del Zaragoza supondría adelantar al Racing en la tabla, además de superarle en el 'goal-average' particular, una cuestión mayor de lo que parece a estas alturas del calendario.
En los últimos 15 años, Santander ha sido la ciudad más abierta para el Zaragoza, al que, para ponerse a salvo de peligrosas combinaciones finales, aún le quedan seis victorias para asegurar la categoría. Y seis victorias son más de las que parecen, porque ahora llega el tramo más duro del calendario, el mismo en el que entró en barrena el Zaragoza de Marcelino. Por eso el triunfo en Santander es tan importante. Quedan 13 jornadas y todo está por hacer, aunque el plan de supervivencia del Zaragoza empieza a dar sus frutos, en cantidad y en calidad. Porque aquí no hay que valorar sólo los cinco puntos de ventaja, sino el nuevo perfil del Zaragoza. Ahora es un equipo difícil de ganar, que ha reducido notablemente los goles encajados y que ha recuperado estética. Es otro Zaragoza. Mucho mejor.



