Estrategia para una nueva época
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Agüero es la piedra sobre la que construirá su iglesia el Atlético de Madrid. Al menos esa es la intención del club. Se entiende que todo es traspasable menos Agüero, que para todo existe recambio menos para el Kun. Si el propósito se convierte en requisito innegociable, el Atlético habrá salido de una indefinición filosófica que le bloqueó el pasado verano, cuando quiso crecer sin gastar y sin vender, cuando rechazó los 36 millones de euros que ofrecía el Madrid por Forlán. Entonces se confundió el orgullo con los negocios y se partió con deficiencias deportivas que todavía se arrastran aunque ahora pasen inadvertidas. Nunca es tarde para rectificar. Y el primer paso es apostar públicamente por el único jugador que asegura la ambición deportiva del club: Agüero, 22 años. Blindado el genio (el Calderón es persuasivo, Cerezo productor y Benjamín colchonero) el siguiente paso será vender a algunos buenos para traer a otros mejores. Será el momento de desprenderse de futbolistas estimables (los cotizados) y en esa tarea habrá que alejarse de los aficionados susceptibles y de los de lágrima fácil. Así viven clubes como Sevilla o Lyon y viven bastante bien.
Además, el Atlético tendrá al Kun. No hay mejor futbolista para completar la mudanza al nuevo estadio. No hay otro que ofrezca una esperanza por diez años, ni otro capaz de aliviar la profunda decepción que significó el adiós del Niño Torres. Elegir es prescindir. Y el Atlético ha entendido que al único que hay que convencer es a Agüero y, por extensión, a Benjamín.



