Yo digo Juan Mora

Vancouver nos dejó fríos

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

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Han acabado los Juegos Olímpicos de Invierno en Vancouver y nos han dejado fríos. Como casi siempre. No son unos Juegos para nosotros. Por mucho que se empeñe Samaranch, que nos impulsó a crear la Federación de Deportes de Hielo, presidida por su hija María Teresa; por mucho que se empeñen los alcaldes de Jaca y Barcelona, que quieren los Juegos de 2022. Juegos Olímpicos de Invierno hay desde 1936 y después de diecinueve ediciones seguimos donde estábamos. O peor. Este año no ha habido un cuarto puesto, como el de Jordi Font en Turín 06; ni un sexto, como el de Rienda en Salt Lake City 02. Volvemos a donde nos dejaron Paquito y Blanca Fernández Ochoa: sin un solo diploma que llevarnos a la boca.

Hay gente que lo intenta, y se deja hasta su juventud en ello. Queralt Castellet se pasa el año fuera de España con su entrenador neozelandés para triunfar en el halfpipe, y Javier Fernández vive incluso en Estados Unidos para ser alguien en el patinaje artístico. Pues si alguna vez llegan lejos habrá sido por una apuesta personal. Como aquel cuarto puesto de Alfonso de Portago y su primo Antonio Sartorius en ¡bobsleigh! en 1956, en los Juegos de Cortina D'Ampezzo. Alfonso de Portago fue un marqués que tan pronto pilotaba un Fórmula 1 -se mató al año siguiente en una carrera- como pasaba por debajo del puente de Londres con una avioneta o se metía en un bobsleigh. Serían éxitos que no nos pertenecerían.

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