De júnior de oro a ídolo del Madrid

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Zaragoza 2004. La proeza de los Gasoles y Navarros se repetía. Tras el oro de Varna 98, llegaba otro, el de la capital maña, con una nueva versión de los júnior de oro: Sergio Rodríguez (MVP de esa edición), Carlos Suárez, José Ángel Antelo... y Sergio Llull. A la sombra de la pareja de Estudiantes en ese campeonato (1,5 puntos y 0,3 asistencias de media en el Europeo), el de Mahón ha necesitado cinco años para adelantarles por la derecha. Y lo ha hecho con otro oro europeo de por medio pero, esta vez, absoluto. Sergio, sin suerte en Portland, volvía a perderse una cita con la Selección. A Carlos, la ausencia a última hora de Berni le daba opciones en una hipotética lucha con Saúl Blanco por la última plaza. Scariolo no dudó, al igual que no lo haría en el partido ante Turquía en el Eurobasket cuando dejó en manos del 'último en llegar' la bola caliente. Erden le agarró. Tenían cuentas pendientes. Llull era el único superviviente de aquel campeonato júnior donde el pívot turco tuvo que conformarse con la plata.
P ero, ¿qué hubiese sido de Llull sin Joan Plaza? El técnico del Cajasol creyó en él cuando contaba poco para Jaume Ponsarnau en Manresa y el menorquín siempre ha reconocido que le estará eternamente agradecido. El Real Madrid también le debe mucho a Plaza, que salió por la puerta de atrás, pero dejó en la casa blanca todo un filón: un base explosivo con un físico intimidador y un jugador que tiene feeling con el público, ya aburrido de tantos vaivenes en el mercado y de no poder identificarse con la mayoría de los jugadores.



