Los JJ OO son lo más grande
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Cuando Pirri ganó el bronce en la competición de espada de los Juegos Olímpicos de Pekín se convirtió en todo un personaje. Era la primera vez que ganábamos una medalla en esgrima y su asalto fue visto en España por 1,9 millones de telespectadores. Si es mucho o poco esa cifra, valga como referencia el baloncesto ACB: ese año el Madrid-Barcelona de la Euroliga tuvo 1,0 millón, el Madrid-Joventut de la Copa, 1,2, y el Tau-Barcelona que decidió el título, 1,4. Cabe calificar la medalla de Pirri, por tanto, como un acontecimiento. Un año después volvió a ganar un bronce de tanto nivel como el de Pekín pues se trataba del Mundial. Sin embargo, apenas tuvo repercusión. Pasan los Juegos y nuestros medallistas caen en el olvido.
Es un trato injusto que quienes lo sufren tratan de llevarlo lo mejor posible. Pero también tiene su explicación. Pirri contó su experiencia en los Juegos Olímpicos con emoción, sentimiento y casi con lágrimas. Es el uniforme, es el viajar en un avión fletado para ti y tus compañeros que vuela con la bandera de España, es el sentirse miembro de un equipo del que a miles de kilómetros millones de españoles estarán pendientes de la cuenta de las medallas. Es entonces cuando se siente la presión. Pirri también habla de objetivos y sueños. Si éstos se alcanzan es el acabóse. Pirri lo recuerda y se emociona. Sí, los Juegos son algo único. Una medalla es de por vida. Por eso es incomparable con cualquier otra. Quizá no sea tan injusto, no.




