Gordillo en la guerra bética
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El Real Betis Balompié, mientras exista como tal, no puede ser imparcial con Rafael Gordillo Vázquez, como no debiera serlo con Luis del Sol, Rogelio Sosa, Julio Cardeñosa, José Ramón Esnaola, Antonio Benítez y muchos más: del mismo modo que el Sevilla no es imparcial con Juan Arza, José María Busto o Marcelo Campanal, ni el Real Madrid es imparcial con su presidente de honor, Alfredo Di Stéfano, Emilio Butragueño y tantos otros: los que forjaron un gramo de sus leyendas. Si Rafael Gordillo estuviese en algún apuro, el Real Betis Balompié debería salir al quite sin mirar ni preguntar. Y, tal vez, ni así se abonaran ciertas deudas
Un tal Michael Jordan tiene una estatua en la puerta del United Center de Chicago: "el edificio que construyó Mike". Gordillo, y tantos otros que están en la leyenda del Real Betis Balompié, deberían tener algo parecido en la casa del Betis, fuera donde fuese. En el Betis no deberían importar los pecados de Gordillo, caso de tenerlos (quien esté limpio): pero que desde el Betis se apalee a Gordillo es algo así como cuando el irascible Papa Julio II usaba el bastón contra Michelangelo Buonarotti, cuando este genio iba terminándole al Vaticano la Capilla Sixtina. La furibunda Guerra Bética parece que también intenta atropellar a Rafael Gordillo Vázquez. El que guarde memoria de unas medias caídas dentro de un verdiblanco vendaval zanquilargo, que se tiente esa memoria. Y después, que se lo haga mirar.




