La aventura es lo único inalterable
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Reconozco que yo era de los escépticos sobre el invento éste del Dakar en Suramérica. Hasta el nombre me chirriaba... ¿Cómo iba a llamarse Dakar corriéndose en Argentina y Chile? Tenía serias dudas de que el nuevo escenario fuera una alternativa real a África, me parecía que todo se reducía a una solución de compromiso, casi a la desesperada, de la organización por mantener en marcha la competición. Pues ahora, después de dos ediciones, tengo que admitir que mis reparos eran infundados. El nuevo Dakar ha confirmado que puede ser tan duro, exigente e incierto como el anterior... e incluso más. Los especialistas de la ASO han sido capaces de encontrar el recorrido necesario para que la carrera no se vea descafeinada hasta el desinterés...
Llegados a este punto, ya no considero una necesidad apremiante que la carrera regrese a sus orígenes. En ello se trabaja como mucho más que una posibilidad (aunque Lavigne prefiera mantener la prudencia al respecto) y el norte del continente es el terreno elegido para ese retorno. Si se vuelve, pues estupendo; en caso contrario, tampoco tendremos nada que lamentar. Lo esencial es que la aventura se mantenga inalterada, que su espíritu perdure más allá del escenario. Y, por supuesto, que no se den pasos en falso. Los reparos de los organizadores apuntan a la seguridad, que debe ser absoluta en Túnez, Libia y Egipto, porque otro fiasco como el de 2008 resultaría terrible, sobre todo en los tiempos que corren, cuando sólo participar ya es un triunfo.




