Yo digo Juan Mora

El sorteo de Copa, un acto de fe

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

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Siendo el Barcelona el mejor equipo de la temporada -22 victorias seguidas- y el Madrid el equipo con mayor tirón -suyos son los cinco partidos más vistos en televisión-, una final de Copa entre los dos equipos es la deseada por la mayoría de los aficionados y por la propia ACB, que es en esta competición donde cada año tiene la oportunidad de levantar cabeza en las audiencias televisivas. Pues el Barcelona y el Madrid podrán enfrentarse en la final. Como está mandado. Como estuvo mandado que ambos jugaran su partido de Liga en Navidades, cuando el fútbol estaba parado. Como iba a estar mandado si el Madrid hubiera acabado segundo, pues una norma hubiese establecido que primero y segundo no podrían enfrentarse en la Copa hasta la final.

Mas como no fue así, se dejó en manos del azar que Madrid y Barcelona pudieran enfrentarse en la semifinal o la final, siempre que ganen sus partidos por supuesto. Y salió la final. Creerse que fue el azar quien lo decidió es un acto de fe. Un acto de fe, porque no hubo bombos, ni bolitas, ni nada parecido. Como si en el sorteo de la lotería en vez de caer la bolita y verla todo el mundo, el número agraciado apareciera en una pantalla como por arte de magia después de que una mano inocente detuviera una lista oculta de un ordenador a su vez también oculto. ¿Que hay que creerse que todo eso fue verdad? Pues vale, me lo creo. Y me parece fenomenal que el azar decidiera una posible final Madrid-Barcelona. Como a todos los que tuvieron la idea del ordenador.

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