Sin el morbo de Messina contra Plaza

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Supongo que de haber fantasmas en Bilbao, habitarían un viejo caserón con telarañas en lugar de aparecerse en el cristalino y luminoso Guggenheim, donde todo se ve. Más aún con las cámaras de televisión en directo. Dicen algunos que el sorteo de la Copa del Rey estuvo dirigido; lo de las bolas calientes está tan manido que la ACB decidió apostar por el amaño tecnológico, todo sea por innovar. Estaba encaminado a que el Barcelona y el Real Madrid no se cruzaran hasta la gran final. Repito: dicen algunos.
De ser así, el truco no merece los violines de Tamariz. No es para tanto. Puesto que ambos equipos eran cabezas de serie y sólo median dos pasos hasta la lucha por el título, el porcentaje de no cruzarse hasta la final era del 50%, un fifty-fifty. El orden de las semifinales, esos segundos de más que tardó la pantalla en mostrar quién jugará con quién, añadió suspense al sorteo. ¿Fantasmas? De haberlos, hay uno blanquísimo y con morbo extra bajo la sábana que no se pasó por Bilbao: Messina-Plaza. Eso sí que son relámpagos.



