Lopera, sin luz ni taquígrafos

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Esta semana, los tiros de la Guerra Civil de Heliópolis han apuntado a Tapia. Actúa, por supuesto, el principio de eliminación. Como a Lopera no se le ha movido un centímetro desde el 15 de junio y la plantilla resiste, parásita, a cualquier ataque pasando literalmente de todo, en la diana está Tapia. Y es cierto que Tapia no ha dado con la tecla, pero nadie debe olvidar dónde está el responsable, calle Jabugo. Porque suponiendo (que no es mucho suponer) que Juande no vendrá ahora al Betis, que Marcelino no puede llegar porque ya ha sido destituido este año y Serra prefería casi que le partiese un rayo a volver a trabajar con Lopera, ¿quién arregla esto? Mínima lista de futuribles: Luis César, Goiko, Vázquez, Calderón. ¿Iban a hacerlo mejor que Tapia?
Lo peor es que Lopera pasa de actuar. En este caso, tenía dos posibles vías de acción, bien sencillas además: la primera, destituir a Tapia y tener ya un sustituto de garantías, no ponerse a buscarlo ahora sin llamar a su actual entrenador (lo dejó al margen de la reunión de ayer) para que, al menos, le dé una explicación a este desastre. La segunda, bajar a ese vestuario que tan poco amor propio se tiene, darle poderes a Tapia hasta final de temporada, echar a un par de jugadores para dar ejemplo y empezar a fichar lo que Tapia le pidió y el director deportivo no ha traído. Echarle la culpa a Tapia es lícito, pero superficial. Lo grave es que Lopera siga reuniendo, año tras año, década tras década, a la misma gente, sin luz ni taquígrafos, en una ridícula ceremonia de la confusión.



