Presidimos el deporte europeo
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Lissavetzky y sus directores van a tener trabajo extra estos seis primeros meses del año por la presidencia española en la Unión Europea (UE). Han puesto dos reuniones, un grupo de trabajo, un foro, un congreso y un consejo en la agenda de los responsables de deportes de los 27 países de la UE. En seis meses no podrán hacer mucho, pero al menos que no se pare la máquina y que se sigan estableciendo las bases para clarificar, unificar y controlar el deporte en un continente dificilísimo de gobernar deportivamente. Rusia, que es alguien en el deporte, no pertenece a la UE; ni todavía Turquía, un país euroasiático, pero que no es extraño en Europa gracias al deporte; ni los países balcánicos; ni Suiza, sede del COI y muchas federaciones internacionales.
El deporte, además, tiene una complejidad extraordinaria provocada por la autonomía de las federaciones, ligas profesionales y organizadores de grandes competiciones. La libre circulación de jugadores está limitada por los cupos que se establecen en determinados países, deportes y hasta competiciones de un mismo deporte. Esto tendrá difícil arreglo por la propia especificidad de la actividad deportiva profesional, por lo que es más práctico atajar problemas que han ido sorprendiendo a los gobiernos por falta de regulación, como es el control de las apuestas; o caminar juntos con la tolerancia cero en el dopaje, y ahí España, a través de su presidencia, sí puede dar alguna enseñanza. Si al menos 27 países vamos de la mano, algo habremos ganado.




