La dureza no es una broma
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A fuerza de la costumbre, lo extraordinario termina convirtiéndose en corriente. Es lo que nos sucede a menudo con muchas de las grandes gestas deportivas, que pierden esa condición de lo cotidianas que nos resultan. Sin embargo, mantienen toda su épica y grandeza, obligando a quienes las protagonizan a entregar lo mejor de sí para intentar superarlas. Es el caso del Dakar. Lo vemos en la tele, lo seguimos en la Prensa, escuchamos a los pilotos hablando de sus vicisitudes Al final, podemos caer en el error de considerarles más domingueros pasando un día de campo que aventureros en busca de sus propios límites.
Esta es una carrera durísima, se dispute en África o en Suramérica. Ayer, la tercera etapa de su edición 2010 se empeñó en recordárnoslo, con una criba que ha dejado a la mayoría de los favoritos en una situación delicada. Es una lástima, pero no está de más que lo tengamos en consideración para valorar en su justa medida el esfuerzo y la valentía de estos héroes. Puede que el calificativo les parezca exagerado, pero para mí no lo es, porque lo que hacen está al alcance de sólo unos pocos...




